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En la época romana, la cena se celebraba en una habitación especial, la Triclínium

Enric Ribera Gabandé

Pintura de Pompeia

Confieso que soy un apasionado de la cultura y del legado del Imperio Romano. Me apasiona, me motiva…me cautiva; desde las grandes obras arquitectónicas hasta las vías de comunicación, pasando por las dinastías que abrigó el milenio del “reinado” de los romanos por los confines europeos y del más allá. Todo es motivo de mi interés.

Por supuesto, me encanta todo aquello que tiene que ver con los hábitos del comer y beber. Con los “inventos” (perdón por llamar “inventos” a lo que llegaron a crear con los recursos que la Providencia les brindaba en tiempos inversemblantes para la alimentación) diseñaron no un recetario sino varios recetarios con las materias primas que tenían a su alcance y con otras que sabiamente llegaban a elaboraban nuevos y sorprendentes sabores culinarios destinados, especialmente, a los miembros de la corte y clases pudientes.

Contrariamente a lo que ocurre en la actualidad, la ingesta más opípera del día era la que se hacía por la noche. Con la influencia de los hábitos griegos y el aumento en la importación y consumo de alimentos foráneos, la cena fue a más, con mayor cantidad y variedad de platos.

La clase baja de la sociedad romana conservó la vieja rutina del Ientáculum, que venía a ser un pequeño almuerzo y la cena, que por el contrario, se servía pasada la tarde, por la noche, cuando esta estaba muy avanzada.

Las clases nobles o más altas de la sociedad empleaban un esquema bastante diferenciador. El Ientáculum venía dado por unas barras planas y redondas elaboradas de un grano de cereal de la familia del trigo, conocido en aquella época como farro, y un poco de sal. También se acompañaba de huevos, miel, queso, leche y fruta. El pan de trigo se incorporaría a su alimentación a comienzos de la Era Cristiana. Algunas veces, el pan era mojado con vino. El Prándium, muy habitual en el Imperio Romano, consistía en las sobras de la cena del día anterior.

Tres siglos a.C, las costumbres de origen griego empezaron a influir en la cultura de la nobleza romana. La cena se celebraba en una habitación especial, más tarde llamada Triclínium. En este punto, los comensales se recostaban en un sillón especialmente diseñado, el Lectus Triclinaris, para que los esclavos pudieran servir fácilmente. Era tradición insalvable el que los comensales debían lavarse los pies y las manos antes de la cena. Los alimentos se tomaban con las puntas de los dedos y con dos tipos de cuchara; la Ligula y la Cochlear. La primera, era grande, y la segunda, pequeña. La última se utilizaba para comer caracoles y moluscos, siendo equivalente al tenedor actual.

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