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Los Horta, la familia del hombre que financió el Bulli, rompe su silencio

'Le reclamamos 66,3 millones a Ferran Adrià'

(Fuente: El Mundo)

Los hombres empequeñecen con el paso del tiempo y por cómo les trata la vida. Son hechos relacionados mas no constantes. Miquel Horta era un hombre inmenso. Bordeaba los 1,90 metros y superaba los 150 kilos. Fue magnate poderoso y generoso. Le consideraban el gran mecenas del progresismo catalán. Así, orondo y rebosante de alegría, aparece en las fotos de su época dorada. Otrora dueño de una marca que forma parte del imaginario español como Nenuco, ningún político o empresario osaba rechazar una llamada suya. Cuesta verle hoy, con sólo 70 años, encorvado y discapacitado legalmente.

«Lo que ha vivido, la inmensa tristeza, le ha puesto así», dice su hijo Jofre Horta, 39 años, compositor. Miquel, a quien la suerte le sonreía de tal modo que, tras vender la empresa que fundó su padre a una multinacional por varios miles de millones de pesetas, le tocó además la quiniela. Diagnosticado bipolar, señala con un dedo tembloroso un Tàpies. Está dedicado a él. Ése era el poder de Horta, el patriarca de la familia que reclama a Ferran Adrià y a Juli Soler «66,3 millones de euros». «Ferran era como un hijo para él y lo estafó», acusa Sergi, 37 años, arquitecto. Habla de la venta del 20% del que fuera el mejor restaurante del mundo, una de las marcas más conocidas del país, por 1,2 millones de euros. Por primera vez cuentan, cara a cara, su versión de lo sucedido.

Lo hacen de modo estratégico. A partir del miércoles, el juzgado de primera instancia 2 de Barcelona resolverá su apelación a la sentencia que en enero de 2013 desestimó su demanda. Consideran que ya es hora de mostrar lo que para ellos y su defensa creen irregularidades en el proceso. Y porque, a raíz de lo vivido, ven el caso como la traición de un hombre a quien consideraban «parte de su familia». Todo a razón de la venta de su participación producida el 14 de junio de 2005. Justamente hace una década.

¿La maldición de El Bulli? Dos de los tres protagonistas de su éxito viven hoy severos problemas de salud. Aparte de Horta, Juli Soler -testigo fundamental y socio de Adrià- padece una enfermedad neurodegenerativa que lo incapacita totalmente. Aún más, la esposa de Horta, Theonitsa, otra testigo, falleció pocos meses antes del fallo que desestimó la demanda familiar. Otro que murió fue el contable que valoró las cuentas para Miquel.

UN BANCO

«Ferran se quedaba a dormir en casa. Nuestro padre le dio el dinero para su llamada revolución gastronómica. Y así lo trataron», dicen los hermanos. En el juicio llegó a decir que «nuestro padre era un banco. ¡Un banco! Eso dijo del hombre que siempre lo vio como parte nuestra». Hay rabia y deseo de venganza. «No existiría Ferran ni El Bulli como fenómeno mundial sin mi padre. Él aportó el 85% del capital del restaurante. Y ellos le dieron el 20% de las acciones. Nuestro padre aceptó porque era así de desprendido. Cuando tuvo éxito le echaron. Le compraron su porcentaje por 1,2 millones de euros. Una miseria. Y ya había quienes presumían de que El Bulli valía cientos de millones». Crónica tiene acceso a la documentación del caso. Explican las razones de su apelación. Según la valoración presentada por la familia, «desde el inicio de la sociedad Restaurante El Bulli SL (Horta - Adrià - Soler) se engañó».

«Cuando se forja, el 7 de diciembre de 1994, a pesar de que nuestro padre aporta 47 millones de pesetas » y Adrià junto con Soler, su talento más 3,6 millones y una sociedad valorada en otros 4,2 millones. «Pero la distribución societaria fue de 40% para Ferran, lo mismo para Soler» y el resto para Horta. En 1997, tres años después de forjarse la sociedad, El Bulli logra su tercera estrella Michelin. La leyenda del restaurante de Cala Montjoi se consolidaba... Fundado en 1962. El precursor fue el francés Jean-Louis Neichel. Él consiguió su primera estrella en 1981. Soler se incorporó ese año también. Otro chef, Jean- Paul Vinay, le dio al local la segunda. Aún no estaba Adrià.

«Desde mediados de 1982 hasta finales de 1983, Ferran Adrià estuvo realizando su servicio militar... Durante el verano de 1983, y siguiendo una sugerencia de otro recluta catalán, Fermí Puig, optó por pasar su mes de permiso en El Bulli, un restaurante del que no había oído hablar. Después de este mes... Ferran apalabró ya su entrada en plantilla para el año siguiente», describió Javi Antoja. En 1984, Adrià se une a la aventura.

Según el escrito judicial de los Horta, la finca de la calle Roca 4-8, se adquiere en 1994 al matrimonio Schilling, los propietarios hasta ese momento. «Su aportación fue fundamental para esto», dicen los hermanos. Tres años después, El Bulli alcanza la cima. En 2002, Arcadi Espada le pregunta a un orgulloso Horta cómo ayudó a Ferran Adrià y Juli Soler... «Son unos genios y lo raro es que son encantadores. Con ellos iría a cualquier parte. Además, me hizo una ilusión especial meterme en el negocio de la cocina.

Siempre me ha gustado comer bien, pero es que además mi abuela... es la autora de un recetario de cocina que ha acabado haciéndose relativamente famoso en Cataluña, La cuina de l'àvia... una descripción de la cocina de una abuela menestral barcelonesa de finales del siglo XIX». Horta contribuyó al éxito de El Bulli además llevando a sus selectos amigos, a lo más pudiente y exquisito de la sociedad española.

Llega la consagración de Adrià meses después. En 2003 le dan portada y 14 páginas en la revista de domingo de The New York Times. Al año siguiente se rinde Le Monde. Y «Time incluía al chef de El Bulli entre las 100 personalidades más influyentes del mundo en todos los ámbitos. Podemos afirmar que la proyección pública de Ferran Adrià y de El Bulli cambió radicalmente a partir de estas tres portadas», decía la web corporativa. Horta presumía públicamente de su «hijo adoptivo».

Hasta que, en 2005, el amor se fue al garete. Adrià y Soler le piden que venda sus acciones. Fue tenso. Horta termina llorando. La esposa de Miquel, Theonitsa Antoniou, describió así ante el juez el momento posterior: «Fue con los chicos [Jofre y Sergi] y yo me quedé en casa y cuando volvieron estaba destrozado y pregunté: '¿Qué ha pasado?'. Y me cuentan que le han dicho que la compañía va a comprar sus acciones y que ya está... y que además le coaccionaron y le dijeron que tenía que firmar este papel porque si no 'te quedabas sin nada, dos piedras y no tendrás nada y tienes que firmar'. No sé si firmó entonces o cuando vino el Juli [Soler] a mi casa y entonces Miquel dijo... 'Yo creo que es poco por lo que vale ahora...' y el Juli dijo 'no tienes opción, firmas y firmas'». Theonitsa Antoniou, cuyo retrato está en el medio de la sala en su memoria, aseguró que llamó a Ferran: «Me había destrozado a mi marido, cuando vino era otro».

Miquel Horta, presente para la fotografía, sostiene en sus manos un libro sobre la historia de El Bulli que él mismo financió. Uno de los pocos donde su nombre aparece como protagonista. Y llora desconsoladamente sobre el hombro de Jofra. Le sujeta la mano Sergi.

-Hay rabia en sus caras -digo.

-¿Sabes lo que más indigna?

-Díganme.

-Que hayan borrado su memoria. Que no aparezca su nombre en prácticamente ninguna parte...

-¿Darán más pasos judiciales?

-Tenemos formulada una denuncia para presentar a la Fiscalía, aparte de estar estudiando paralelamente acciones en el extranjero donde han ampliado sus negocios...

-¿Cuándo se detendrán?

-No vamos a parar nunca hasta que se haga Justicia.

-¿Ustedes creen realmente que Ferran Adrià y Juli Soler no sabían que su padre estaba enfermo cuando firmó la venta?

-Sergi Arola te dijo que «cuando venía a El Bulli, en 1994, le preparábamos un menú especial» [Recuerdan el reportaje que publiqué en Crónica, en febrero de 2010, sobre este caso titulado Toda la verdad del cierre de El Bulli]. Lo hacía porque ellos sabían que la medicación que tomaba nuestro padre para su salud mental no se podía mezclar con muchos de los elementos químicos que usan para sus platos.

INCAPACITAR A UN PADRE.

Para comenzar su pelea judicial tuvieron que pasar por «la pena de incapacitar a su padre», al hombre que vendió Nenuco a la multinacional inglesa Reckitt Benckiser por no menos de 2.000 millones de pesetas, récord entonces. En 2008 acusan a Adrià de «estafa y engaño». Ganaron en los juzgados ese primer round. De esta forma, por mandato judicial, deberían haber accedido a los papeles de Hacienda de la sociedad entre los años 2002 y 2005. «No lo hemos conseguido. A pesar de la orden judicial». Aseguran que Adrià convocó la reunión citada con la excusa de ofrecerle la presidencia de la Fundación El Bulli y que eso le emocionó. «Pero la realidad es que sólo querían presionarle para la venta». En junio de 2011, los hermanos presentan la demanda tras conseguir la incapacidad judicial de Miquel. El resultado del juicio posterior podía haber sido terrible para la intachable fama del chef.

Tras los primeros malos pasos judiciales, Adrià sale airoso de los envites. El fallo se produce en enero de 2013. «La Justicia ha hablado, pasemos a otra cosa», soltó en una conversación. La sentencia dice que, a pesar de que los demandantes presentaron testigos, «no existía documento alguno que certificara el estado clínico del señor Horta a fecha de 14 de junio de 2005». Y sobre que Adrià y Soler pudieran saber por «su cercanía» la situación mental del afectado... «cuando se suscribió el contrato de autos, ello no implica ni que el señor Adrià y señor Soler conocieran el diagnóstico exacto del señor Horta y sus consecuencias e incidencia y, aún, se aprovecharan de tales circunstancias para, con engaño y/o dolosamente, formar en el señor Horta un consentimiento judicial viciado ». Muy contundente.

Lo que sí se consiguió con el proceso judicial fue abrir la caja de los truenos del restaurante más exitoso de siempre. Desde misterios como que, en 2002, Ferran ganaba 40.000 euros de salario anual y que dos años después ya recibía 158.000, a los que había que sumar los 300.000 de la sociedad Ferran Adrià Projects. Detalles tan terribles como que en 2012, en un informe firmado por Rafael Blesa, director de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, asegura que «[Juli] Soler Lobo presenta una enfermedad neurodegenerativa... que le incapacita para el desempeño de las actividades de la vida diaria... El paciente ya no es competente para poder declarar activamente en juicios...».

Los Horta creían que perdían a un testigo esencial: «Sospechamos que fue Juli Soler el autor intelectual de la operación». Creían que su testimonio podía ayudar a su causa, a probar que «engañaron» a Miquel Horta. Por eso pusieron a Soler un detective privado. «Según su informe, es capaz de hacer una vida normal », sostienen. La juez no aceptó esta prueba. Desde el entorno de Adrià dicen rotundos que «es infame cuestionar el estado de salud de Jordi Soler, que lucha por su vida actualmente. Es asqueroso».
Adrià espera que se archive la causa definitivamente. Los Horta reiteran que no se detendrán. Nos enseñan su mansión de tres plantas en el barrio de Gracia, Barcelona. Veo dos Miró, un Tàpies, un Chillida... Una colección de Star Wars en la misma estancia. Un piano Steinway del siglo XIX... Miquel pasea corvo. Su gato le persigue. Los hermanos añaden: «Llegaremos hasta Estrasburgo si es necesario». Abren la cochera, un Golf aparcado. Y el enorme Audi A8 de Miquel, una reliquia, acumulando polvo.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/06/14/557c006922601dd1408b4574.html


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