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Un canto a mi querido país de Ecuador

Enric Ribera Gabandé, periodista y escritor

Confieso que no tenía de Ecuador ninguna noción ni histórica ni antropológica, ni cultural, ni mucho menos gastronómica, antes de visitarle por primera vez en septiembre 2011, con motivo de asistir a la celebración del FITE (Salón Internacional del Turismo en Ecuador). Un colega amigo me había hablado de ciertas peculiaridades de este pueblo, de sus valores y del gran corazón que tienen los ecuatorianos. Pero nada más.

Justamente al pisar por primera vez el aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil, me dije a mi mismo, Ecuador es otro “mundo”. ¡Sí, es otro “mundo”!, confirmé al despedirme de la ciudad una vez finalizada la edición del 2011 de la feria turística más importante del sur del Pacífico, que con tanto acierto organiza la prestigiosa empresa que preside el catalán Jaime Rull, Horitzo Grup.

Se preguntarán ¿porque llegué a la conclusión que Ecuador es diferente? Fácil. El valor humano que destila es un tesoro que no tienen todos los pueblos del mundo. Su amabilidad, sonrisa, hospitalidad, simpatía…no son ejemplos que se proliferen en los diversos y variados países de los cinco continentes. En el contexto histórico, mucha, muchísima historia tiene recogida en sus libros Ecuador. En arquitectura, tanto colonial, como contemporánea, puede presumir, y de hecho la hace, de ser un museo nacional al aire libre; desde Guayaquil, hasta Quito, pasando por Cuenca, Baños, Riobamba, Machala y Loja, hasta Quevedo, Ambato, y las espectaculares islas que forman el archipiélago de las Galápagos, donde Charles Darwin desarrolló su famosa Teoría de la Evolución.

Iglesias, basílicas, catedrales, ermitas…Ecuador tiene un catálogo patrimonial religioso de gran belleza e historia, de leyendas, de milagros y vivencias cristianas de santos y beatos del lugar. Su paisaje es una inmensa alfombra de mil colores que se extiende por todo su territorio, dando una singularidad única a sus entrelazados llanos, valles y montañas que lucen incesantemente un bello y elegante vestido de gala.

Pero este país situado -sobradamente conocido por todos- en la línea ecuatorial, también muestra otro aspecto diferente y diferenciado en el pabellón de lo gastronómico. Ecuador tiene, y doy fe de ello, una fuerte personalidad en la mesa. Cuando hablamos de olores, colores y sabores, el recetario nacional exclama una explosión de múltiples sensaciones que las papilas gustativas ofrecen al cerebro.

Se desprende -por simple deducción- que una tierra que no cuente con excelentes y variadas materias primas, difícilmente podrá presumir de una buena alimentación, y con ello, de una rica gastronomía. No es este el caso que nos ocupa, sino todo lo contrario. Ecuador tiene de todo: buen pescado del Pacifico -homenaje aparte y destacado merece el camarón-, sabrosa carne de chancho, chivo y res, exquisitas frutas tropicales, verduras de muchos colores y gustos, pétalos de rosas (para la cocina), café, y sobre todo tiene el cacao; este rico, delicado y perfumado cacao que los grandes chocolateros del mundo quieren siempre tener consigo en sus obradores.

Con estas “cartas” de presentación no se puede fallar. Y no fallan sus prestigiosos chef en la cocina. “Pintan” cuadros gastronómicos de una “plástica” arquitectura gastronómica que sorprenden a sus propios ciudadanos y también a los llegados al país que la degustan por primera vez, comensales que, a partir de entonces, acostumbran a ser fieles a estos mismos preparados, y a otros mil más extraídos de sus clásicos y renovados recetarios.

Debo ser justo conmigo mismo y rendir un sentido reconocimiento al plato del ceviche, en sus diferentes presentaciones de carne y pescado; a las patitas de chancho emborrazadas; al ají de carne; al fríjol negro en salsa de carne; al merengado de guanábana; al picante de yuca; a la corvina romana; y a tantos y tantos platos elaborados con el pescado rey de la cocina ecuatoriana, el camarón. Entre otros, la sopa de camarón, el cebiche de camarón, el arroz con camarón, y la ensalada de papas y camarones.

Para conseguir el pretendido éxito turístico-culinario, tan solo hace falta disponer de un contrastado sector profesional en restauración y hotelería. No hay duda que en Ecuador existen establecimientos de prestigio internacional que avalan el gran trabajo diario de éste. Ya sé que voy a ser injusto con algunas empresas que también merecen ser reconocidos aquí, pero no caben todas, mucho a mi pesar, aunque voy a situar en la tribuna de los honorables, por méritos propios, a Hotel Unipark, Hotel Oro Verde, y Grand Hotel Guayaquil

¡Todo un lujo!


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